Epicuro contó como indispensables tres elementos para alcanzar la felicidad: amigos, libertad y capacidad de autorreflexión. Posiblemente, a cualquiera de nosotros se le ocurrirían premisas parecidas para cumplir un objetivo parecido. Más tarde, Jesús celebraría las comidas compartidas como fiestas, diría aquello de "déjalo todo y sígueme" y se retiraría a rezar puntualmente. Hasta sus seguidores vivían en comunas, como los epicúreos. Sidharta Gautama en su momento había propuesto métodos de emancipación y autoexploración parecidos y, siglos después, Mahoma dictaría unas normas de hermanamiento a gran escala, respeto al otro y disciplina en la oración.
Los mayores ideólogos de la historia coinciden y les damos la razón. Se celebra un congreso de la felicidad y los expertos coinciden que ésta sólo es posible a través de los demás y mediante una actitud solidaria. ¿Por qué entonces dedicamos gran parte de nuestro tiempo a conseguir otros objetivos mayoritariamente materiales? Tenemos la verdad delante y no la vemos... o no nos la creemos.